Desigualdades en la salud mental de las mujeres

Katherine Chicas, psicóloga e investigadora

La interacción entre mujeres y la salud mental representa un tema complejo y de gran relevancia que requiere un interés de exploración desde varias aristas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha identificado que el género influye directamente en las vivencias individuales, configurando roles y expectativas en la sociedad (OMS, 2022). Esta dinámica desigual puede tener un impacto significativo en la salud mental y en cómo se aborda esta cuestión.

Numerosos estudios han revelado que las mujeres enfrentan desafíos particulares en términos de salud mental en comparación con los hombres. En países como España, Colombia y México, se ha observado una mayor prevalencia de trastornos como la ansiedad y la depresión entre las mujeres, así como un mayor consumo de psicofármacos (OMS, 2022). Además, la soledad no deseada afecta de manera desproporcionada a las mujeres jóvenes, lo que señala una brecha emocional que debe ser abordada con urgencia.

En El Salvador, según un sondeo de opinión realizado por Plan Internacional en mayo de 2020, se ha registrado un aumento en los problemas de salud mental entre las mujeres salvadoreñas en el contexto de la pandemia por COVID-19. Aproximadamente el 80 % de las participantes reportaron cambios negativos en su estado de ánimo, atribuidos al aislamiento social, la incertidumbre económica, un aumento en las responsabilidades del trabajo doméstico y la carga de una doble o triple jornada laboral. Sin embargo, es preocupante observar que solo el 35 % de las mujeres que necesitan atención psicológica tienen acceso a servicios especializados, principalmente debido a limitaciones económicas y de acceso geográfico (OMS, 2023).

Por lo que debe considerarse que la pandemia se ha destacado también por un aumento en los casos de ansiedad y depresión entre las mujeres salvadoreñas, exacerbado aún más por la persistencia de la violencia como un factor contribuyente significativo. Estos desafíos se ven amplificados por los estereotipos arraigados en la sociedad, que desde una edad temprana imponen expectativas restrictivas sobre las mujeres, influenciando su autoconcepto y bienestar emocional.

A nivel individual, es fundamental que las mujeres adopten estrategias de autocuidado y autoconciencia para proteger su salud mental. Esto implica practicar regularmente técnicas como la meditación, el ejercicio físico y la expresión creativa, así como establecer límites saludables en las relaciones personales y laborales. Además, es crucial retar y superar los estereotipos de género internalizados que pueden influir negativamente en su bienestar emocional, promoviendo la autoaceptación y la autoestima.

Pero, es importante reconocer que el trabajo a nivel individual no es suficiente para abordar las desigualdades sistémicas en la salud mental de las mujeres. Se requiere un cambio estructural que desafíe y transforme las normas y expectativas de género arraigadas en la sociedad. Esto implica políticas y programas estatales que garanticen un acceso equitativo a servicios de salud mental, así como la implementación de programas educativos y de sensibilización que confronten los roles de género tradicionales y promuevan la equidad de género.

En conclusión, es esencial subrayar la importancia de la educación emocional y el autocuidado como elementos esenciales para abordar la salud mental de las mujeres. Las redes de apoyo, tanto familiares como comunitarias, juegan un papel fundamental en el proceso de recuperación y bienestar emocional. Sin embargo, se necesitan acciones concertadas a nivel estatal, comunitario y social para abordar estos desafíos en lo socioemocional y promover el bienestar integral de la población femenina. Este llamado no solo implica mejorar el acceso a servicios de salud mental, sino también enfrentar y transformar los sistemas y normas sociales que perpetúan las desigualdades.

Referencias:

  • Plan Internacional. (2020). Informe final de investigación “Sondeo sobre múltiple jornada y riesgos de violencia sexual y de género en mujeres, adolescentes y niñas durante cuarentena por COVID-19”. Plan Internacional. https://bit.ly/3nrTJMS
  • World Health Organization. (2022). World mental health report: Transforming mental health for all. Geneva. Recuperado de https://bit.ly/3T3Ug8U
  • World Health Organization. (2022). World mental health report: Transforming mental health for all. Geneva. Recuperado de https://bit.ly/48zIsRv
El interés histórico por comprender lo socioemocional

«El Homo Sapiens triunfó sobre el resto de los homínidos por sus habilidades sociales». Yuval Noah Harari.

Carlos Molina Medrano

Introducción

Este breve artículo es un intento «zigzagueado» de ir a la historia para responder preguntas con las que se intenta comprender el fenómeno llamado “revolución emocional”. Parece ser que hablar de emociones, salud mental y disposición social en El Salvador se acrecentó durante y después de la pandemia por la enfermedad COVID-19. Tal como se ha advertido en varias ocasiones, el desarrollo de la capacidad pro social es un proceso complejo que se ve influenciado por una serie de factores, que incluye las emociones, las relaciones sociales y el entorno.

El término «revolución emocional» fue propuesto por primera vez por el psicólogo y escritor estadounidense Daniel Goleman en su libro «La Inteligencia Emocional» (1995). Goleman argumentó que la inteligencia emocional es un conjunto de habilidades que nos permiten entender y regular nuestras emociones, así como las emociones de los demás. Estas habilidades son esenciales para el éxito en la vida personal y profesional.

Breve recorrido histórico sobre las compresiones de las emociones y lo socioemocional

Antes de la edad antigua, según Harari (2014), lo que ahora se pueden conocer como las habilidades sociales fueron un factor clave en el éxito de los humanos. Los humanos son animales sociales que se han adaptado a vivir en grupos grandes y complejos. Estas «habilidades sociales» les permitieron cooperar entre sí para cazar, recolectar alimentos y protegerse de los depredadores. Este factor fue uno de los que determinó, según el historiador, la premienencia del Homo Sapiens sobre los otros omínidos. En las formas de relacionamiento debió exisitir una capacidad de control emocional muy fuerte para poder desplegar esa disposición de supervivencia.

Edad Antigua

Las primeras civilizaciones ya tenían una comprensión rudimentaria de las emociones, y las consideraban un aspecto importante de la vida humana. Por ejemplo, los antiguos griegos creían que las emociones eran causadas por los humores corporales, y que cada emoción estaba asociada con un humor específico. Por ejemplo, Aristóteles (siglo IV a. C.) creía que la alegría estaba asociada con la sangre, la tristeza con la bilis negra, la ira con la bilis amarilla y el miedo con la flema.

Edad Media

En la Edad Media, el interés por las emociones continuó, pero se centró en su aspecto moral. Los filósofos medievales creían que las emociones podían ser positivas o negativas, y que era importante controlar las emociones negativas para vivir una vida moralmente virtuosa. Para Santo Tomás de Aquino (siglo XIII) las emociones eran causadas por la voluntad, y que debían ser controladas por la razón.

Edad moderna

En el Renacimiento, periodo de transición entre la Edad Media y los inicios de la Edad Moderna, el interés por las emociones se expandió para incluir su aspecto psicológico. Los filósofos y científicos renacentistas comenzaron a estudiar las emociones desde una perspectiva más científica, y trataron de comprender cómo se originaban y cómo influían en el comportamiento humano. René Descartes (siglo XVII) creía que las emociones eran causadas por la interacción entre el cuerpo y la mente.

Charles Darwin (siglo XIX), creía que las emociones eran adaptaciones evolutivas que ayudaban a los humanos a sobrevivir y reproducirse. Para Darwin, las emociones surgieron a lo largo de la historia evolutiva como una forma de ayudar a los humanos a responder a su entorno de manera efectiva. Por ejemplo, la emoción del miedo ayuda a los humanos a evitar el peligro. Cuando un humano siente miedo, su cuerpo libera hormonas que preparan al cuerpo para la acción. Esto puede incluir acelerar el ritmo cardíaco, aumentar la respiración y preparar los músculos para el combate o la huida. Estas respuestas físicas ayudan al humano a escapar del peligro o a defenderse de él.

William James (1842-1910) creía que las emociones eran causadas por las creencias y pensamientos de las personas. En su obra «Las emociones básicas», James sostiene que las emociones no son causadas por los cambios físicos, sino por las creencias y pensamientos de las personas sobre esos cambios. En el siglo XX, los psicólogos Jean Piaget y Lev Vygotsky desarrollaron teorías sobre el desarrollo cognitivo y social de los niños. Estas teorías enfatizaron la importancia de las interacciones sociales para el aprendizaje y el desarrollo.

Jean Piaget (1896-1980) creía que el desarrollo cognitivo y social de los niños se produce a través de una serie de etapas. En su obra «El desarrollo de la inteligencia en el niño», Piaget sostiene que las interacciones sociales son importantes para el desarrollo de las habilidades cognitivas y sociales de los niños.

Lev Vygotsky (1896-1934) creía que el desarrollo cognitivo y social de los niños se produce a través de la interacción con otros. En su obra «El desarrollo de las funciones psicológicas superiores», Vygotsky sostiene que las interacciones sociales proporcionan a los niños los andamios necesarios para el desarrollo de sus habilidades cognitivas y sociales.

En la década de 1970, Urie Bronfenbrenner desarrolló el modelo ecológico del desarrollo humano, que sostiene que el desarrollo humano es un proceso que ocurre en un contexto de sistemas interconectados. Este modelo enfatiza la importancia de los factores sociales y ambientales para el desarrollo humano. Bronfenbrenner sostiene que los factores sociales y ambientales pueden promover o inhibir el desarrollo humano, entre ellos los emocionales.

Un intendo de concluir

Parece ser que lo emocional no es una noción reciente en la busqueda de entender el desarrollo de las personas y de lo humano, esta búsqueda de compresiones de la disposición social y lo emocional se remonta a la etapa menos organizada de las sociedades humanas y se ha desarrollado a lo largo de los siglos. El creciente interés en la educación socioemocional en las últimas décadas ha dado lugar a un mayor énfasis en el papel de las emociones y las relaciones sociales en la sociedad. La escuela y la familia podrían ser, al entendimiento de Bronfenbrenner Piaget y Vygotsky en específico, las instituciones fundamentales para propiciar la adquisición de habilidades socioemocionales desde edad temprana. Algo que se logra más que en pizarras o en dispositivos electrónicos, en las interacciones con la comunidad educativa y los miembros de la familia.

Es más, es posible que la separación de la disposición social y propiamente lo emocional sea lo menos relevante en el debate. De lo social se adquieren capacidades para desarrollar lo emocional. En principio tadas las pesonas de manera innata sienten emociones, emociones básicas planteó James, alimentada por las percepciones, sin embargo, la modulación o gestión de ellas, que se aprende socialmente, es determinante para la motivación (desarrollada interiormente por el ser humano), la comunicación (de la persona hacia los demás) y la socialización (desarrollo de las emocioniones para la disposición social).

Referencias

Aristóteles (1985). Ética a Nicómaco (trad. J. Muguerza). Madrid: Gredos.

Bronfenbrenner, U. (1986). Ecological systems theory. In R. Vasta (Ed.), Six theories of child development (pp. 257-299). New York: Wiley.

Darwin, C. (1872). La expresión de las emociones en los animales y en el hombre. Madrid: Alianza Editorial.

Descartes, R. (2005). Meditaciones metafísicas (trad. J. L. Echarte). Madrid: Alianza Editorial.

Goleman, D. (1995). La inteligencia emocional. Barcelona: Kairós.

Harari, Y. N. (2014). Sapiens: De animales a dioses. Barcelona, España: Debate.

James, W. (1884). What is an emotion? Mind, 9(34), 188-205.

Piaget, J. (1967). El desarrollo de la inteligencia en el niño / Jean Piaget. Madrid: Morata.

Santo Tomás de Aquino (2002). Suma teológica (trad. P. Caramelo). Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.

Vygotsky, L. S. (2009). El desarrollo de los procesos psicológicos superiores Buenos Aires: Crítica.

Consideraciones sobre el autocuidado emocional en los equipos docentes

Alex Canizález

Gerente Técnico de FUNPRES

Jornada de Autocuidado docente desarrollado por FUNPRES en un centro educativo de El Salvador.

El profesorado salvadoreño vive y trabaja en entornos sociales y emocionales de alta demanda. Es decir, en situaciones de estrés laboral que tiene causales sociales, administrativas e institucionales, lo que incide directa o indirectamente en su estado de salud y en su eficiencia laboral. Su vulnerabilidad aumentó aún más durante el confinamiento por la pandemia del Covid 19. Pero también la postpandemia ha traído consigo exigencias inesperadas. 

Al revisar, de manera general, la rutina diaria del profesorado salvadoreño, obtenemos indicios del estrés que todo esto provoca. Muchos de ellos y ellas se levantan muy temprano para salir hacia su trabajo, en la mayoría de los casos en los bordes del transporte público. Diariamente enfrentan el tráfico, bullicio, espacio reducido al interior de las unidades. Estas primeras horas del día implican la necesidad de emplear habilidades socioemocionales para la regulación y el control emocional. 

Dentro del aula tienen sus propias exigencias. El trabajo del docente, no se reduce solo a explicar el contenido de su clase, sino que implica seguir otro tipo de rutinas pedagógicas como iniciar con alegría saludando a sus estudiantes e intercambiar algunas opiniones, monitorear la disciplina en el aula, desarrollar un conjunto de actividades de enseñanza con el tacto de involucrar a todo el grupo.  

El profesorado se vuelve como decimos en la jerga docente: papá, mamá, amigo, enfermera, psicólogo, doctor, cura, pastor, guía, orientador, investigador, consejero, evaluador, entre muchas otras funciones “… noble apóstol que siempre en la lucha a la ciencia la haces triunfar…” tal y como reza el hermoso himno al maestro salvadoreño. Ser docente es un apostolado. Una profesión cargada de idealismo romántico de servicio a los demás y de autoexigencias ante la realidad del trabajo diario. 

Por otro lado, tenemos la clase virtual, la cual se prepara y desarrolla de manera complementaria a la presencial, cuyos desafíos tecnológicos se vuelven otro factor determinante que afecta la salud emocional del cuerpo docente.   

Es importante mencionar que el maestro debe además hacer su planificación didáctica, evaluación, diseño de materiales de aprendizaje tradicionales y virtuales. Este trabajo se realiza fuera del aula, generalmente en casa, después de terminar sus clases, en los fines de semana o por las noches al regresar del trabajo.  

Muchas veces no hacen el tiempo de comida del desayuno ni del almuerzo adecuado, sobre todo aquellos profesores y profesoras que trabajan doble turno o hacen sobresueldo.  

Durante la pandemia del Covid 19, el estado de salud mental del profesorado salvadoreño se agravó como sucedió con toda la población a nivel nacional e internacional. Por tanto, es importante apostarle al apoyo emocional para crear ambientes psicopedagógicos y emocionales adecuados para toda la comunidad educativa, pues el cansancio, la falta de sueño, ansiedad y a veces, depresión, son algunas sintomatologías muy presentes en su cotidianidad, como muestran las investigaciones que como Funpres hemos desarrollado en los últimos dos años.  

Luego de visualizar juntos este panorama sobre la situación psicoemocional de los docentes, reconociendo lo importante que son las emociones y la necesidad de ser feliz y realizarse como persona y profesional, cualquier acción que nos procure salud física, emocional y social, la consideramos como autocuidado. 

A continuación, compartimos sugerencias de acciones de autocuidado docente que pueden utilizarse y recomendar su realización en su institución educativa: 

  1. Hacer ejercicio físico como bailar o practicar un deporte. 
  1. Una rutina de 20 a 30 minutos de ejercicios físicos. 
  1. Ejercicios de respiración y meditación. 
  1. Ejercicios mentales de pensamientos positivos. 
  1. Controle su horario para dormir. Procúrese calidad de sueño. 
  1. Procure darse una hora para usted mismo, al menos una vez por semana como, por ejemplo, leer un libro, visitar un amigo o amiga de su confianza y confidencia. 
  1. Establezca lograr metas cortas pero realista que le sean alcanzables. 
  1. Cuide de sus mascotas y de sus flores, del ambiente donde vive. 
  1. Haga lo posible de obtener y mantener información de primeras fuentes, no de la publicidad y fuentes no confiables. 
  1. Reconozca sus estados de ánimo, miedo, tristeza, frustración y nostalgia y hable de ellos, abiertamente. 
  1. Procure asegurar sus tiempos de comida, con la calidad y calidez que se merece. 
  1. Hable con usted mismo como hablar con un buen amigo o amiga. 

¡Recuerda, tu salud mental sí importa! 

Habilidades socioemocionales en el aula

Rita Grimaldi y Ricardo Mejía

El aprendizaje social y emocional (SEL) es una parte integral de la educación y el desarrollo humano. De acuerdo con CASEL (2020), el aprendizaje socioemocional es: “el proceso mediante el cual todos los jóvenes y adultos adquieren y aplican los conocimientos, las habilidades y las actitudes para desarrollar identidades saludables, manejar las emociones y lograr metas personales y colectivas, sentir y  mostrar empatía por los demás, establecer y mantener relaciones de apoyo, y hacer decisiones responsables y afectuosas” (p.1).

El aprendizaje socioemocional está compuesto por cinco grandes áreas:

Autoconciencia: se refiere a la capacidad de conocerse a sí mismo, es decir, las habilidades para identificar y comprender las propias emociones, los propios pensamientos y ver cómo influyen en el comportamiento y en nuestro cuerpo. Asimismo, hace referencia a la capacidad para reconocer las fortalezas y limitaciones para poder mejorar nuestras habilidades.

Conciencia social: hace referencia a la capacidad para tomar en cuenta los puntos de vista, las necesidades, los intereses y perspectivas de las demás personas, así como la capacidad para empatizar con las demás personas. De igual forma, a la capacidad para aprender de las normas sociales y la forma de comportarse y de entender las influencias de los diferentes sistemas en la conducta.

Autocontrol: está relacionado a las estrategias de autogestión, es decir la capacidad de establecer metas y trabajar para alcanzarlas gestionando las emociones, pensamientos y comportamientos propios. De tal forma que también hace referencia a la capacidad de manejar las propias emociones, controlar los propios pensamientos y la conducta y evitar dejarse llevar por la impulsividad.

Habilidades para relacionarse: consiste en la capacidad para establecer y mantener relaciones saludables y positivas. De tal forma es importante aprender a comunicarse de manera asertiva, a escuchar activamente y a resolver problemas de manera constructiva.

Toma de decisiones responsables: hace referencia a la capacidad de tomar decisiones que tomen en cuenta la vida personal, pero también la de los demás. De tal forma que la persona debe evaluar los beneficios y as consecuencias de sus acciones.

Ahora bien, la importancia de conocer las emociones a las que nos enfrentamos en cualquier crisis puede generar pánico, estrés, ansiedad, enojo y miedo en las personas, sin embargo, una buena educación emocional ayuda a sobrellevar estas situaciones con calma y equilibrio.

En El Salvador existe suficiente evidencia plasmada en investigaciones realizadas en el sistema educativo por FUNPRES (2021a; 2021c) para afirmar que se debe fortalecer la malla curricular a través del trabajo sobre las competencias socioemocionales y la salud mental, es decir, propiciar un abordaje integral de la dimensión socioemocional del estudiantado. En definitiva, establecer lineamientos que guíen el desarrollo progresivo de esta dimensión a lo largo de la trayectoria educativa es un paso indispensable para que el sistema educativo promueva un desarrollo integral del estudiante. Implementar toda una estrategia curricular les ayuda a conocerse mejor, pero también a entender a los demás y a su propio entorno; es un complemento necesario a las capacidades cognitivas; influencian en el sentido de que facilitan la atención y permiten pensamientos creativos, necesarios para perfeccionar la lógica y la racionalidad.

El aula se fortalece al implementar acciones muy practicas de las habilidades socioemocionales, teniendo como resultado elementos que generan un espacio más propicio para los educandos y su entorno escolar entre los cuales destacan

  • Fortalecimiento de la comunicación interpersonal y las relaciones que establece con su entorno.
  • Hacen referencia a las conductas necesarias para interactuar y relacionarse con los demás de forma efectiva y mutuamente satisfactoria
  • Permite la adaptación de niñas, niños, adolescentes y jóvenes en los diferentes entornos en los que se desenvuelve
  • Fortalece la autoconfianza en sí mismo.
  • Promueve la    empatía y la capacidad de escucha.
  • Permite un mejor manejo del estrés, nos ayuda a tener mejor control de las emociones.

“Las personas que desarrollan las habilidades socioemocionales, centran su atención en metas y objetivos que se plantean”.

Referencias:

CASEL (2021). Marco de SEL de CASEL. Chicago: Collaborative for Academic, Social, and Emotional Learning.